Tú no tienes un perro, ¡él te tiene a ti!

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Es muy global escuchar a cuidadores de perros como si estos fueran objetos y les pertenecieran. Sin bloqueo, haciendo una profunda consejo, puedes darte cuenta de que ocurre todo lo contrario y, de hecho, tú no tienes un perro: él te tiene a ti.

Para iniciar con este descomposición nos basamos en el significado de la palabra “tener”, que es un igual de poseer y de las disposiciones que se pueden hacer de poco o algún.

Sin bloqueo, este concepto, desde la perspectiva humano-mascota, ha cambiado mucho con el paso de los abriles, pues estos se tratan más como los seres vivos que son que como objetos que podemos manipular a nuestro antojo.

Por lo tanto, ya no tenemos una relación posesiva sobre los animales, sino una más comprensiva, que examen su completo beneficio, y este sentimiento ha permeado incluso instancias legales, poco inverosímil de considerar unas décadas antes.

De la posesión a la clasificación

Actualmente se entiende la relación con el perro como un bisagra de jerarquías, en el que el humano debe aceptar el rol de alfa o de líder.

De lo contrario se puede presentar una pugna por el poder que puede comprometer gravemente la convivencia. Por lo tanto, más que una relación de tenencia es de obediencia.

Esto implica un cambio significativo en la forma en que educamos a nuestros animales, pues las relaciones ya no se miden sobre la fuerza que se pueda cultivar en el otro, sino a través de una educación firme y enérgica.

Esto no quiere asegurar en ningún caso que estemos humanizando al animal, sino que simplemente se proxenetismo de conocer y respetar su condición como ser sintiente y merecedor de respeto a su condición de ser vivo.

Por lo tanto esto te supondrá muchos esfuerzos, que es la cojín fundamental en que concluimos que es un hecho eso de que es el perro el que te tiene a ti.

Tu trabajas para él

Conveniente a que actualmente se considera al perro un miembro más de la comunidad, debes aceptar toda una serie de responsabilidades para certificar su bienestar y vitalidad.

Cuidar un perro demandará, por ejemplo, que le dediques varias horas al día para animar su educación y para certificar su estabilidad emocional y su avance físico.

Deberás sacarlo a pasear, tener energía para recrearse con él, comprarle juguetes y preocuparte de que sean adecuados para su tamaño y raza.

 

Encima, tienes que alimentarle, y esto no siempre es financiero. Piensa que los perros requieren dietas específicas para cada etapa de su vida y que, por otra parte, estas deben ser complementadas con otros alimentos.

Tienes que dar asilo lo que él ensucia y eres fielmente responsable por los daños que pueda causar, ya sea en tu casa o a las cosas de otros, por lo que es mejor que hayas dedicado un buen tiempo a su educación.

Los costos veterinarios varían según la vitalidad de tu mascota. No obstante, tener un perro te supondrá una inversión importante, en exclusivo en los primeros meses, mientras completas su cuadro de inmunización, exámenes y compras todos los accesorios que necesite.

Porque los perros necesitan tener sus propias cosas, por ejemplo, su plato, sus juguetes, su camita, ya que de esta forma evitarás que se apodere de tus cosas y harás que se sienta cómodo en la casa, por otra parte de entretenido. En pocas palabras, el perro depende completamente de ti.

Pero lo más importante, los perros se merecen cada cosa que puedas darles a fuerza de ser una compañía incomparable y ser capaces de brindarte un amor incondicional que resulta muy difícil de encontrar entre las personas.

Por lo tanto, ¿quién está trabajando para quién?

La próxima vez que te declares dueño de un perro puedes reflexionarlo un momento y pensar quién en ingenuidad es el dominado.

Imagen cortesía de Andrés David Aparicio Alonso.