El perro nos trae dolor solo cuando se muere

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Cuando adquirimos un perro por primera vez, no tenemos ni idea de cuánto, cuánto vamos a quererlo. Y es que escoger un perro no es poco al azar aunque lo parezca, nos decidimos por uno u otro porque sentimos una conexión singular con él. Tal vez nos encandiló su ojeada, o hizo un movimiento que nos enamoró o respondió de una forma inesperada a una de nuestras caricias robándonos el alma.

Al resistir a casa

Al resistir a casa con tu nuevo hijo, el cual has ido mirando sin refrigerio durante el camino a casa, abres la puerta lo dejas en el suelo y él te mira. No puedes evitar preguntarte: ¿y ahora qué? Bueno, ahora tienes una responsabilidad, pero igualmente un amigo para toda la vida. Empiezas a caminar y tu nuevo amigo te sigue.

Siempre te ha molestado que las personas te sigan, quizá un amigo o hasta un hogareño, pero esta vez no te molesta, es más, te hace salero. Te hace advertir importante porque te das cuenta de que tu nuevo amigo es tan indefenso que necesita estar cerca de ti para sentirse a menos.

En ese momento piensas que deberías ponerle agua y quizá poco de manducar. ¡Suerte que compraste todo en la tienda ayer de venir a casa! Y entonces, uno de los primeros momentos en que tu perro te hace advertir adecuado: su alegría en señal de agradecimiento por darle agua y alimento.

Te intentas ir para que coma tranquilo, pero te mira, no quiere que le dejes solo y va tras de ti, asi que no te queda de otra que quedarte cerca para que coma. Siempre habías dicho que un animal no debe subir a la cama o al sofá, pero cuando vas cerca de el sofá a ver la tele, y tu nuevo amiguito empieza a lloriquear por tus mimos, no puedes resistirte. Piensas que ponerlo sobre ti no es lo mismo que ponerlo en el sofá. ¡Qué excusa menos fundamentada!

Pasan los días

Así, van pasando los días y llega a existir entre vosotros un vínculo singular, tanto que casi os podéis entender con miradas. Te encanta levantarte por la mañana y que cuando tu amigo audición que eso sucede, viene corriendo como un chalado a saludarte. A veces, hasta ha llegado a molestarte, pero su dulzura, su ternura, su sexo te han convencido.

Te encanta su insistencia en que desayunes rápido para que lo saques de paseo ayer de irte a trabajar. ¡Salta como un chalado cuando te ve coger la correa! No puedes evitar esbozar una sonrisa. Ya en la calle, él pasea de forma un tanto arrogante próximo a ti como haciendo ver lo adecuado que es de tenerte como dueño, mejor dicho, como amigo.

¿Y cuando regresas a casa del trabajo? Te fuiste un tanto intranquilo y triste cuando le escuchaste lloriquear al quedarse solo en casa. Sabes que estará proporcionadamente, y por eso no puedes dejar de preguntarte por qué a pesar de los abriles aún te sigues sintiendo triste por dejarlo solo.

Pero al resistir a casa, cuando escuchas desde el montacargas sus patitas valer hasta la puerta, su hocico oliendo bajo la ranura de la puerta y algún que otro lloriqueo, no deseas más que el montacargas acelere para resistir a casa y abrazar a tu mascota. «Tranquilo, ya estoy aquí», le dices.

Él parece no entenderte, porque sigue como un chalado como si le fuera a dar un infarto. Pero tú… tú te sientes muy amado y agradecido.

Pero un día…

Autor: LuAnn Snawder Photography

Un día, como tantos otros, te levantas y te sientas en tu sofá. Tu animalito viene a saludarte, te pide que lo saques. Tú sonríes pensando en aquellos momentos en que quisiste enseñarle a sentarse y él te miraba sin entender qué querías, o cuando le tirabas una pelota, haciendo ver que te la iba a dar, te hacía valer tras él.

Recuerdas la primera vez que lo trajiste a casa; estaba tan asustado. Aquella vez que enfermaste y no se separó de tu costado. Cómo ladraba cada vez que escuchaba un ruido intentando defenderte. O si cierto te daba un moretón bromeando intentaba morderle.

Sí, mirando cerca de detrás, solo tienes buenos momentos que memorar de tu perro. Es más, si volvieras detrás no escogerías otro, porque la vida sin él no será lo mismo.

Entonces, miras debajo a tus pies, pero tu amigo fiel y fiel no está. Solo fue lo que tú quisiste ver en ese momento que te llevó a navegar en los mares serenos de tus expresiones. Y entonces entiendes una difícil pero linda ingenuidad: un perro solo causa dolor cuando muere. Estés donde estés amigo, gracias por hacerme adecuado.