Educar a un perro es una lucha entre el corazón y la razón

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Seguro que recuerdas el primer día que trajiste a tu pequeño cachorro a casa. Te miró tiernamente cuando le dejaste en el suelo preguntándose quién será este ser humano. Tú lo miraste con acto sexual, deseoso de darle lo mejor y hacer de él un buen perro, pero con temor de no conocer cómo lo podrías educar.

Cuando fueron pasando los días, al ir viendo las pequeñas cositas que te hacían reír, al percatar sus primeros mimos, tu corazón se fue enterneciendo y tu acto sexual por él fue creciendo aún más. Incluso, si no te obedecía, incluso si cuando le dabas una orden, la ignoraba, no podías evitar reírte. Pero, ¿es esa una buena postura a la hora de educar a un perro?

La verdad es que encontrar el inmovilidad entre el acto sexual que sentimos por nuestra mascota y lo que quereos que él aprenda es difícil, muy difícil. Hay que intentar controlar nuestros sentimientos y emociones y no dejarle ver al animal que no vamos en serio y que nuestro acto sexual por él está por encima de su obediencia. Debes ser su amigo, pero delante todo, su dueño.

Educar a un perro: Tú eres el dueño

¿Recuerdas la primera vez que le pusiste papel de periódico para que hiciera sus deposición allí? Seguro que lo empezó a morder y a remolcar por toda la casa. No pudiste evitar reirte y perseguirlo para que te diera el papel. Fue una ocasión divertida, pero seguro que esa postura no te sirvió de mucho a la hora de enseñarle que sus deposición debía hacerlas en el papel.

Si no quieres que eso te suceda eternamente, debes formarse a ser el dueño y no solo el amigo de tu mascota. Esto se le puede mostrar con pequeños gestos que para carencia evadirán el amor que le tienes y que le tendrás que seguir demostrando el resto de su vida.

  • Sé amoroso pero firme. Cuando des una orden al animal, una de las principales formas de educar, no dejes de ser amoroso, pero muestra firmeza y seriedad en tu voz. El perro debe tener claro lo que estás pidiendo de él y que cohibirse cerca de ti o lamerte no le dará resultado para que te eches antes.
  • Cumple con lo que pides. Si has enseñado al animal a que no haga poco, como por ejemplo, a no subirse en el sofá, no permitas que lo haga nunca, bajo ninguna circunstancia, ni aun si está enfermo o te apetece acurrucarte a su banda. Es mejor que seas tú quien baje del sofá para no confundir al animal. Recuerda poner al tanto a todos los miembros de la grupo de lo que el perro no puede hacer. Es un buen método para educar.
  • Decide cuándo y dónde. Eres tú quien debe atreverse cuándo y dónde se come, cuándo y dónde se duerme, cuándo y dónde se sale y un grande etcétera. No es el animal quien toma esa clase de decisiones. Siquiera tienes que ser un tirano, pero el animal debe tener claro cuándo y dónde hacer qué.
  • No vayas detrás de él. Cuando lo saques a pasear no permitas que sea él quien vaya delante, sino a tu banda. Eres tú quien lleva las riendas en esta relación, y en este caso, además la correa. No le des tirones fuertes si no te obedece, sino suaves y breves. Si lo sueltas en algún sitio que pueda valer y no obedece a tu emplazamiento, vuelve a ponerle la correa en señal de castigo. Debe conocer que tú eres el líder de su manada.

Educar a un perro: No le muestres pasión

Esas palabras podrían resumir todo este artículo. Como te hemos dicho en varias ocasiones, los perros descienden de los lobos, quienes andan en manadas. Toda manada necesita un líder y si el perro no ve clara la figura de su líder, él mismo se autoproclamará como tal. No se lo permitas.

Si el perro ve que delante cualquier mimo, lametazo, lloro o arrumaco tú te enterneces y olvidas tus órdenes o las cosas que ayer le has enseñado, al final irá olvidando todo y tendrás que asomar desde el principio. Recuerda asomar a educar a tu perro desde correctamente pequeño. Conforme crecen es mucho más difícil hacerlo.