¿Cómo forjar una amistad entre perros y gatos?

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Son tan diferentes que muchos ni se plantean que puedan convivir. Los gatos son animales independientes que no buscan la aprobación de su amo; los perros, por el contrario, son más apacibles y viven para complacer. ¿Cómo forjar, pues, una amistad entre dos criaturas tan diferentes?

Una convivencia paulatino

Es difícil que perros y gatos se entiendan de buenas a primeras: se comunican de una guisa tan diferente que los juegos de uno pueden resultar una amenaza para el otro.

Esto se debe a lo dispares que son sus respectivos instintos: la obligación natural del perro de pasar y perseguir puede asustar al felino. Por su parte, la susceptibilidad de este zaguero puede derivar en comportamientos agresivos fácilmente.

Antiguamente de nadie, debemos dejar a un costado la idea de que una raza específica es mejor que otra a la hora de forjar una amistad con otra especie. Un Golden Retriever, en apariencia apacible, puede tener un carácter más agresivo de lo esperado, y lo mismo sucede con los gatos: no todos son tan ariscos como pintan.

Teniendo esto en cuenta, ahora nos toca traer a nuestro sagaz o perro a casa y presentar al nuevo inquilino. ¿Cómo hacer frente a una situación que puede tener resultados tan variopintos?

  • En presencia de la duda, lo mejor es abastecer a uno y otro animales en habitaciones separadas, al menos durante los primeros días de convivencia. Esta medida puede ayudar a que uno y otro se familiaricen con el olor del otro sin propiciar ningún enfrentamiento.
  • Transmitido que la primera señal de identidad para perros y gatos es el olor, prueba a canjear objetos entre ambas habitaciones. Una vez hecho esto durante unos cuantos días, podremos proceder a la presentación.
  • El perro es un animal enérgico que puede perder los desasosiego frente a situaciones nuevas. Para mantenerlo todo lo tranquilo posible, es conveniente que salga con su amo a dar una buena caminata antiguamente de conocer a su nuevo amigo.
  • Permite que el sagaz esté en un superficie fuera del capacidad del perro, pues le permitirás familiarizarse con la situación y tener sensación de control. Como medida preventiva, córtale las uñas. Cualquier movimiento repentino puede desencadenar una reacción inesperada.
  • Ten preparada una correa para tu perro. En el caso de que tire, hazle ver que eso no está admisiblemente con un ‘¡NO!’. Tiene que comprender que no apruebas que sea agresivo con el nuevo animal y que no es un enemigo, sino un compañero de juegos. 

Una socialización temprana es secreto

El entorno en el que se haya criado nuestra mascota va a ser esencial a la hora de presentarle a otros animales y personasEn este sentido, las primeras 12 semanas de vida son muy importantes, ya que los cachorros de perro y de sagaz suelen ponerse admisiblemente desde el principio.

Dada su corta perduración, uno y otro tenderán a pensar en el otro animal como un hermano de camada con el que aventurar y curiosear. Y es que tengamos en cuenta que sus diferencias anatómicas y sus diferentes mentalidades pueden ocasionar algún problema. Por ejemplo, un sagaz pequeño arañará a discreción mientras juega, mientras que un perro tenderá a morder.

Presentaciones entre adultos

El proceso de aprendizaje de un cachorro será mucho más rápido y flexible que el de un adulto. Sin secuestro, si decidimos traer a un animal adulto a casa no todo está perdido. ¿Qué otros consejos podrán ayudarnos en esta situación?

Imaginemos que vamos a traer un sagaz a una casa donde ya vive un perro. Lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que el sagaz tiene un espacio propio y alejado del perro. Si se prostitución de una habitación pequeña, como un trastero, mejor; les dará más sensación de control y seguridad. Recordemos que esto es esencial para cualquier sagaz.

Cuando se haya aclimatado a su nuevo entorno, entra con el perro ceñido con una correa. Cualquier movimiento repentino o inesperado por su parte deberá ser respondido con palabras y acciones firmes, pero no grites en presencia del sagaz, pues pensará que te diriges a él. Cuando uno y otro respondan con más nacionalidad, deja al sagaz librado por otros espacios.

Es sólo cuestión de tiempo, y de paciencia, que uno y otro animales se aclimaten al otro. Los perros y los gatos se guían por relaciones jerárquicas y, al fin y al promontorio, el que manda eres tú.